El patrimonio más grande de cualquier vendedor es su propia imagen; la misma que se construye a diario con nuestras palabras y acciones. Se construye principalmente poniendo atención a los detalles que nos mantienen en el camino recto de la congruencia, donde hacemos coincidir plenamente lo que pensamos, decimos y hacemos.

Una excelente imagen es sinónimo de credibilidad, y en la profesión de ventas también es sinónimo de riqueza. La credibilidad es la consecuencia de una trayectoria impecable y de un conocimiento exacto de las cosas que una persona dice o hace, pero hay que  mantener alerta porque solo basta un error para que la confianza se haga pedazos.

Un vendedor que haya adoptado la credibilidad como su bandera, será influyente hasta en sus propuestas más discretas, y si decide mantener modelos de comportamiento respetuosos y transparentes, y además cumple con los más elementales códigos éticos, genera la credibilidad que siempre inspira y edifica, ayuda a humanizar la profesión y se gana la confianza, el compromiso y el respeto de los demás.

Si bien es cierto que debemos cuidar al máximo los bienes materiales, el flujo de caja, un inventario, la contabilidad organizada etc.; seguirá siendo nuestra mayor riqueza, la imagen y credibilidad que hayamos logrado. Si perdemos de vista los valores porque no hablamos de ellos ni tampoco los practicamos, quedaremos expuestos a que se derribe en un instante, la buena imagen que construimos durante años.

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